70 mil pesos a cambio de afecto
Autobiografía

“Mi nombre es Oscar. Nací en San Juan de Río Seco, hace 14 años. No conozco a mi madre y mi papá me entregó a mi abuela desde el mismo momento de mi nacimiento. Él se vino a vivir a El Rosal con otra mujer. Debido a que mi abuela me pegaba mucho y me regañaba por todo, empecé a salirme de mi casa, a no hacerle caso, a pelear con mis primos. Los policías de San Juan me capturaban muy seguido, pues aprendí a robar y a decir muchas mentiras. En el pueblo ya no me querían.



Mi abuela, desesperada, me colocó en un bus rumbo a El Rosal donde vivía mi papá con otra señora y tres hijos más, menores que yo. Desde que llegué a esa casa mi vida se convirtió en un tormento. Constantemente mi madrastra me pegaba y tenía muchos problemas con mis otros hermanos, ya que ellos veían en mi a una persona extraña, que les estaba robando lo que ellos tenían. No me dejaban ver televisión, debía acostarme en el suelo y por ningún motivo podía prender la luz.

Yo creía que mi papá no me quería, que prefería a su nueva mujer. Me empecé a salir de la casa y a ser rebelde con mi papá y mi madrastra; hasta que él, en un momento de desespero, me entregó $70.000 y me mandó para Zipaquirá. No quería volver a verme. Yo ya conocía la Fundación y una mañana esperé la buseta que transportaba a los niños y hablé con una profesora quién me orientó para que hablara con la Trabajadora Social. Es así como llegué a la Fundación.

Al principio molestaba mucho, porque no me interesaba nada más, y tenía mucha rabia y rencor. Me escapé y me puse a consumir pegante. Luego de un tiempo llegué nuevamente a la Fundación , hablé con el psicólogo, quién me orientó y me dejó continuar con mi proceso.



Ahora tengo 14 años, estoy cursando noveno grado y me gusta mucho estudiar porque sé que es la única forma de salir adelante. Me encanta dibujar y me gusta el arte en general. Quisiera ser pintor o ingeniero de sistemas, para ayudar a mi padre y a todos los niños que lo necesitan”.

Estoy muy agradecido con la Fundación que me brindó su mano y me abrió sus puertas, para que yo empezara a ser una persona de bien; a esforzarme por mi mismo y por lo que realmente quiero en la vida”.