Autobiografía

“A los 7 años me fui de mi casa, influenciado por mis amigos y porque allá no encontraba las cosas que quería,  además estaba inconforme por los golpes que me daba Rubiela, mi madre, para reprenderme.

La primera noche la pasé en un centro comercial, allí comencé a pedir monedas y aprendí a robar carteras. Con el tiempo empecé a cantar en los buses, y supe lo que era ganar dinero. A los ocho años tuve mi primer contacto con el pegante, aunque lo probé por curiosidad, éste me condujo a las drogas.

Me sentía bien al ver que la gente me tenía miedo, en la calle aprendí que es mejor intimidar a las mujeres y que nunca se debe robar solo. Una vez la muerte estuvo cerca, cuando en uno de los tantos atracos que hice, mi víctima me disparó. Gracias a Dios ninguna bala atravesó mi humanidad. Estando en la calle conocí Cartagena, Santa Marta y otras ciudades del país.

Finalmente terminé hundido en medio de las basuras y las ratas de una alcantarilla. Sentía que mi vida estaba perdida. Mis ganas de vivir y de salir adelante se desvanecían tan rápido como las drogas que consumía.

 

Con mi parche conocimos un día a los voluntarios de la Fundación Niños de los Andes, quienes se habían acercado a invitarnos para que nos fuéramos con ellos e iniciáramos nuestra rehabilitación. En esa etapa de mi vida contaba con diez años.

Al comienzo no me adaptaba fácil a mi nueva vida. Un día decidí escapar de la Fundación con algunos amigos de mi parche, a buscar droga. Lo único que pudimos conseguir fue una botella, que pensábamos, estaba llena de thinner, pero resultó ser veneno para garrapatas y al inhalarlo resultamos intoxicados. Regresamos a la Fundación y de la mano de Jaime Jaramillo, "Papa Jaime", comencé mi rehabilitación. Allí volví a nacer, me forjé como hombre de bien y útil para la sociedad, rescaté de mí los valores que había perdido, o que aún no conocía, como el perdón, la confianza, el amor y dar sin esperar recibir.

Le demostré a todos, y a mí mismo, que podía salir adelante al ser el mejor en el examen de sexto grado. Cuando tenía 14 años, regresé a mi casa, con el visto bueno de la Fundación. Allí discutí con mi madre y mis hermanos, intenté regresar a la Fundación pero por mi edad no fui recibido. Caí de nuevo. Robaba de manera constante y al ver que iba a seguir en este camino, volví a la Fundación a pedir ayuda. Allí me matricularon en séptimo grado, en un colegio militar.

 

Con disciplina y dedicación cumplí mis tareas y en marzo de 1.997 tuve la suerte de recibir una beca de AFS Programas Interculturales Colombia, entidad que apoya a la Fundación , para viajar a Francia durante un año. En la ciudad de Etriche Viví tal vez hasta ese momento la mejor experiencia de mi vida y . pasé una de las mejores épocas de mi juventud.. Fue como abrir los ojos a un mundo insospechado, donde fui acogido por mi familia anfitriona con el amor y cuidados que daban a sus propios hijos. Tuve todo el apoyo de mis papás y mis hermanos franceses y logre terminar mi bachillerato.  Posteriormente, viajé a Londres para colaborar con una ONG que estaba escribiendo un libro sobre Derechos Humanos. Allí escribían niños de todo el mundo y fui elegido como representante para Latinoamérica. Mis artículos los escribí en francés para ser traducidos después al inglés .

Regresé a Colombia y gracias al soporte constante de la Fundación , el Reverendo Padre Luis Fernando Álvarez S.J., Decano de la facultad, me otorgó  una beca para estudiar Derecho en la Universidad Javeriana. Esta carrera me ha llenado de esperanzas, para poder estar en contacto con la gente y conocer sus problemas más de cerca. En una oportunidad fui seleccionado por concurso para representar a la Universidad en un Foro de Derecho en Estrasburgo a donde viajamos con cuatro compañeros más. Fue una experiencia muy enriquecedora de la que guardo recuerdos invaluables.

En Agosto del año 2000 recibí el Premio El Colombiano Ejemplar, que me fue concedido por el periódico "El Colombiano", de la ciudad de Medellín. Fue Papá Jaime quien me postuló para recibir aquel premio que él mismo había recibido hace algunos años. Luego de un arduo camino en la Universidad y de lograr muy buenas calificaciones, me gradué en Diciembre de 2.005, compartiendo este logro con todos los niños y niñas de la Fundación , como ejemplo de superación. Actualmente me encuentro trabajando en un bufete donde puedo desempeñar mi labor como abogado con un fuerte compromiso social.

Hoy soy un hombre nuevo, casado y con tres hijos. A pesar de lo duro que ha sido afrontar esta situación, pues no es fácil ser padre de familia y estudiante a la vez,  tengo profunda fe en Dios y sé que Él se manifiesta por medio de personas como ustedes, nuestros donantes y benefactores, quienes no dudan en brindarnos su ayuda y confianza.

Veo mi país con esperanza y con ganas de superar una época de transición, como lo hicieron las grandes naciones europeas que sufrieron en carne propia dos guerras mundiales. Uno puede cristalizar los sueños y las metas que se proponga. Los obstáculos son los retos propios de la vida, para que ella misma tenga sentido.