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Por Paola A. Padilla.
Hace diez años, Jonathan era un niño de la Fundación que como la mayoría, escondía detrás de su rostro alegre y su mirada viva, un pasado de angustia y dolor. Sus recuerdos: el núcleo familiar desintegrado, maltrato y marginación.
Hoy por fortuna, se encuentra en Dallas, Estados Unidos, rodeado de personas que incondicionalmente y sin esperar nada a cambio le han entregado todo su amor, paciencia y dedicación para que desarrolle su personalidad y viva feliz esta increíble oportunidad, a la que muchos niños de sus condiciones, difícilmente podrían acceder.

DESTINO: VIVIR!
En 1994, Jonathan ingresó a la Fundación , se distinguía por su entusiasmo y buen comportamiento. Cursaba séptimo grado en la Academia Militar General Santander, cuando a mediados de 1998, recibimos una invitación al programa Sábado Gigante, más conocido como el Show de Don Francisco.
La propuesta consistía en llevar a algunos niños de la Fundación a que dieran su testimonio de vida en el programa. Fue así como Jaime Jaramillo y los niños: Aurora Tovar, Ruth Camargo, Luis Alberto Granada y Jonathan González empacaron maletas y tomaron un avión rumbo a Miami para participar en el conocido show.
Lori Ann Cameron y David J. Plaisance, una pareja de ejecutivos norteamericanos, ya habían tenido contacto con la Fundación a través de cartas. Cuando supieron que un grupo de niños viajaría a Miami, decidieron desplazarse hacia ese lugar para ver de cerca el trabajo de la Fundación.

A ellos la vida les quitó la posibilidad de ser padres, pero les dejó la esperanza de poder amar a un niño ajeno y brindarle cariño y comprensión como si fuera su propio hijo. Fue así como conocieron a Jonathan. Su ternura, calidez y carisma los impactaron de tal manera que le propusieron a Jaime irse con él por unos meses a Dallas para que aprendiera inglés.
Jonathan aceptó de inmediato, sin imaginarse cuánto cambiaría su vida. Tras meses de esfuerzos, logró dominar un idioma que no era el suyo y desarrollar la pericia para culminar exitosamente todos sus estudios de secundaria en Estados Unidos. El 4 de mayo de 2003 recibió su grado de bachiller en Lakehill Preparatoty School, con todos los honores de un estupendo estudiante para ingresar a la Universidad de Tulsa (Oklahoma), a estudiar Graphical Design.
Las vidas de Lori y David, los padres adoptivos de Jonathan, cambiaron rotundamente desde que él habita y alegra su hogar. Lori nos escribe constantemente y en una de sus cartas nos cuenta: “Ustedes deben estar muy orgullosos de Jonathan. Estuvimos en una cena muy sofisticada con altos ejecutivos de Canadá, Bolivia y Venezuela. Él se comportó divinamente: de hecho el representante del concejo de energía por Nuevo México quedó encantado con él”.

La familia Plaisance mostró siempre gran preocupación por el trato que debía brindarse a un niño de la condición de Jonathan. Ellos quisieron hacerlo de la manera más profesional posible y por ello siempre mantuvieron la asesoría de un sicólogo para que les ayudara en su educación.
Aparte de sus clases escolares, Jonathan dedica su tiempo libre a los deportes: tres días a la semana practica natación y los demás juega tenis. Ha aprendido otras actividades que en Colombia sería imposible practicar, Lori nos cuenta: “Jhonatan y David van todos los jueves, viernes y sábados a esquiar en la nieve, lo que a él le encanta. Es un atleta natural”.
Jonathan nos escribe con frecuencia. En sus cartas se ven reflejados el amor y la entrega que le brinda su nueva familia y también la preocupación de él por su hermana Kelly quien estuvo en la Fundación y se reintegró a su familia. Hoy esta muy cerca de obtener su grado, pero entre sus planes no esta dejar de estudiar. Junto con sus padres esta considerando la mejor opción de postrado en su área profesional.
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La etapa triste de la historia de Jonathan comienza desde muy pequeño cuando al fallecer su madre, él y sus seis hermanos quedan al cuidado de su padre. Con antecedentes de alcoholismo encontró en el trago el mejor refugio para sobrellevar su pena.El padre de Jonathan conoció a otra mujer, quien más adelante asumiría el rol de madrastra. Quiso ocupar el lugar de la madre pero equivocadamente se impuso ante ellos con poder y sin la más mínima muestra de afecto. A este problema se sumó la precaria situación socioeconómica en que vivían y frente a la imposibilidad de diálogo y comprensión, Héctor, el hermano mayor de Jonathan, abandonó la casa y se fue a buscar una supuesta mejor vida en la calle. Así, los dos hermanos se convierten en habitantes del asfalto y sin merecerlo se envuelven en la intolerancia y la crueldad propias de este lugar. Estando allí se contactaron con la Fundación sin saber que sus vidas cambiarían para siempre. |